Discurso de Humberto Tumini, Secretario General del Movimiento Libres del Sur de Argentina

30 de Julio de 2008, 10:42

"Quiero expresarle todo nuestro apoyo y solidaridad por la permanente lucha en bien del pueblo boliviano, por dignificar a los más pobres y postergados del país, darles el lugar que les corresponde de vida y democracia con dignidad."

Muchas gracias por invitarme, me da alegría ver tantos jóvenes de todos lados del país. Me causa más alegría, además, que lo que los convoque a ustedes sea la figura del Che, la figura de Ernesto Guevara. Antes de empezar a darles algunas opiniones, ideas y relatos sobre el Che, me gustaría hacer una pequeña introducción con lo que está sucediendo en el país.

Ustedes han visto que nuevamente se tensó el conflicto con el campo. Hay todo un desafío, más allá de errores que pueda cometer el gobierno. Nosotros hemos dicho en muchas oportunidades que el gobierno debió haber tenido mejor
política para los pequeños y medianos chacareros. También creemos que debió haber medido bien las acciones de ayer, de sacar de la ruta y, sobretodo, meterlo preso a De Angeli una horita y transformarlo en un héroe. Pero más allá de esos errores del gobierno, lo real y concreto es que hay un desafío a la posibilidad de construir una Argentina mejor. Ustedes saben que en este país el campo, la renta agraria, es en definitiva lo que puede permitir, o no, hacer un país como la gente, que valga la pena vivir, donde más o menos todos tengamos futuro. Esa es una larguísima lucha que llevamos adelante en este país contra la oligarquía. Y esto que tenemos hoy es, nuevamente, un desafío de esa oligarquía. Ellos saben que lo que está en disputa es una gran cantidad de dinero producto de una situación internacional favorable, producto de una política de este gobierno a favor de que el campo tenga una alta rentabilidad, y no quieren repartir ese dinero. Esa es la base del problema: no quieren repartir ese dinero. Lamentablemente, arrastran tras de sí a algunos sectores que no son oligarcas, que no ganan tanto, no pierden, pero no ganan tanto, pero que se confunden, y eso no es nuevo.

Si ustedes ven en Bolivia, la misma oligarquía, la que produce soja, la que tiene la parte más rica del país, amenaza con dividir una parte de Bolivia para que los pobres, que son la mayoría, los indios, los mineros, los trabajadores, no puedan llevar adelante un país mejor sacándole a los ricos una parte de la renta. Es lo mismo que el paro petrolero en Venezuela, en el año 2002, cuando intentaron impedir que la renta petrolera de Venezuela pudiera ser repartida mucho más igualitariamente, y así construir un país mejor. En el fondo, es el mismo conflicto. Aparecen mezclados sectores sociales que no debieran estar, pero el conflicto es el mismo. Intentan una vez más impedir que la Argentina sea una Argentina para todos y todas. Esa es la esencia. Por eso nosotros tenemos que estar firmes, en contra de este paro agrario, en contra de la oligarquía, en contra de los pools de siembra. No importa si tenemos críticas que llevarle al gobierno, es parte de la lucha.

Y como dijo la hija del Che, Aleida, ayer en el acto: "qué triste se pondría Guevara si viera que la leche para millones de chicos que no la tienen, se tira en los caminos, producto de la defensa de una renta injusta". Ahí también está Guevara. No solamente en las banderas, no solamente en la lucha armada; está en muchos lados, y nosotros tenemos que ser consecuentes con esas ideas. Nosotros hemos luchado muchísimos años, y vamos a seguir peleando, para que haya un país mejor, más justo. Y ese país no se puede hacer sin afectar los intereses de la oligarquía. No se podía hacer antes y no se podrá hacer después. Eso es lo que hoy está en disputa. Por eso nos tenemos que alinear, sin dudas, a favor de la medida del gobierno de las retenciones móviles, en contra del campo. Aún en lugares como Rosario -donde estamos- en que la influencia es fuerte, donde la crítica al gobierno es fuerte, tenemos que defenderlo, porque es un problema de principios. No vamos a tener una Argentina mejor si no logramos afectarles las grandes ganancias a la oligarquía terrateniente, a los pools de siembra. De ahí tienen que salir recursos para que nuestros chicos humildes puedan tener educación, salud, para que nuestros jóvenes puedan tener trabajo digno, bien remunerado. De ahí tenemos que sacar los recursos. Esto es una puja política por la renta agropecuaria, y nosotros no tenemos que tener dudas de dónde estamos parados.

Y volviendo al Che... debemos decir, y esto es importante porque ustedes son jóvenes y ven al Che con los ojos de la juventud de hoy. Hubo otras juventudes que vieron al Che con otros ojos en la historia de este país y de Latinoamérica, pero particularmente en la historia de este país. Sin embargo, es el mismo Che. No era otro. Tuvo la virtud Guevara, en sus escasos años de militancia (porque el Che se incorporó a la lucha revolucionaria con Fidel en el año '55, '56, que fueron a Cuba, y murió en el año 67; transcurrieron entre un momento y otro, doce años, nada más) de mostrarse como una personalidad absolutamente profunda, y que trasciende los tiempos. Como bien decían muchos de los oradores en el acto de ayer, trasciende los tiempos. Entonces, es posible mirarlo desde distintas generaciones, con distintos ojos, con distintas realidades.... y sin embargo es el mismo Che. Son las mismas enseñanzas.

Nosotros, cuando éramos jóvenes, éramos contemporáneos del Che (él era un poco más grande que nosotros, no van a pensar que tengo 80 años). ¿Y qué era el Che para nosotros? El Che era un guerrillero. Así lo vimos nosotros. Era un guerrillero que peleaba por una sociedad más justa, por la sociedad socialista. Ese era el Che; ése era el elemento dominante de adhesión a su persona.

Había acontecido en Latinoamérica, en el año 59, la Revolución Cubana, que fue para todos nosotros el ejemplo de que se podía vencer a la oligarquías nativas y al imperialismo que la sustentaba a través de las armas, y así aspirar a hacer una sociedad independiente, soberana, una sociedad más justa. Nuestras sociedades eran profundamente dependientes, injustas en aquellos años (siguen siéndolo en un grado importante en la actualidad). Y el camino que se nos abrió para cambiar eso fue la Revolución Cubana. Y el Che era el símbolo de esa revolución, aunque el conductor era Fidel y detrás de todas las políticas de Cuba se encontraba Fidel, el símbolo de esa revolución para todos nosotros era el Che. Y mucho más cuando tomó la decisión de venir a combatir a Bolivia, y morir allí. Porque Fidel quedó en Cuba conduciendo esa revolución hasta la fecha y el Che tomó la decisión de llevarla a otras tierras, y entre esas tierras estaba contemplada (probablemente como lugar principal, en la estrategia) la Argentina. Porque el Che nunca se olvidó que él era argentino; y que acá era donde más correspondía avanzar en un proceso revolucionario. Entonces él hizo una avanzada a través de un conjunto de compañeros que formaron el Ejército Guerrillero del Pueblo, en el año 62, y pelearon en Salta, comandados por Massetti, que se llamaba a sí mismo el Comandante Segundo, porque el Comandante Primero era el Che, que vendría luego a Bolivia para avanzar desde allí sobre la Argentina.

No sé si era realista esa estrategia, pero reflejaba el profundo compromiso del Che con Latinoamérica, con la Argentina. Y reflejaba, además, la confianza que él tenía en que los pueblos se iban a sublevar, iban a tomar las armas, e íbamos a poder hacer la revolución. Entonces, eso era nuestro símbolo.

Y tomamos las armas, acá y en toda Latinoamérica, e intentamos llegar al poder. Si hay algo que nos diferenció a la generación que yo pertenecí, con otras generaciones, fue que nosotros teníamos una decisión muchísimo más intensa de llegar al poder para transformar el país. Y que no había, en ese sentido, ni obstáculos, ni sacrificios que no estuviéramos dispuestos a realizar. Eso nos enseñó el Che con su ejemplo.

Esa batalla la perdimos en casi toda Latinoamérica. Fue derrotada la guerrilla de Lucio Cabañas en México, el Partido de los Pobres; fue derrotada la guerrilla en Venezuela; fue derrotada la guerrilla en el Ecuador, en Perú; fue derrotado el Movimiento Revolucionario 8 de Octubre en Brasil; fueron derrotados los Tupamaros en Uruguay; fue derrotado el Che en Bolivia; fue derrotado el MIR en Chile; y fuimos derrotados nosotros en la Argentina.

Eso fue una etapa. Muchas veces, en 200 años de historia fuimos derrotados. Esa nos tocó a nosotros.

Y nosotros veíamos así al Che, y así desplegamos nuestro accionar. Y después, bueno, vino el repliegue, vino la derrota, como toda derrota fue dolorosa, no sólo en términos de vidas, sacrificio, cárceles, exilios, sino también en términos de ideas. Nuestras ideas, las ideas de Che, parecían sepultadas. Parecía que ya no tenían vigencia. Parecía que eso había sido una utopía ajena a las posibilidades reales de estos países. Solamente había quedado ese faro, allá en Cuba, pero con imposibilidades de trascender en nuestras tierras. Esa derrota, además, conllevó que otras ideas de la reacción anidaran en estas tierras. Las ideas del neoliberalismo, las ideas de que éramos una estrella más en la bandera de los EE.UU., la idea de que se podían crear enormes contingentes de pobres, de marginados, de desocupados en nuestras naciones, y concentrar la riqueza en pequeños grupos de ricos, vinculados en general al Imperio o a las grandes empresas multinacionales. La introducción de esos proyectos en nuestras naciones fue hija de nuestra derrota. Pero en realidad, la historia indica que las derrotas de los pueblos suelen ser transitorias. Indica, además, que la derrota de nuestros pueblos, en Latinoamérica, son más transitorias todavía, son más cortas.

Y no tardó demasiado en resurgir la lucha de nuestros pueblos. Ya no fue la lucha armada (salvo algunos lugares, como el caso de Colombia., donde se mantiene hasta el día de hoy). Era claro que veníamos de una derrota de la lucha armada, profunda, pero además el sistema que el Imperialismo y sus aliados nativos instrumentaban en nuestras naciones ya no era, salvo excepciones, el de dictaduras feroces y genocidas como las que instrumentaron durante los años '70 y una parte de los '80. Cambiaron el método, conscientes de que eso podía hacer resurgir las fuerzas revolucionarias armadas en nuestra región; empezaron con la estrategia de las democracias condicionadas. Es decir, hicieron aperturas democráticas en casi todas nuestras naciones, en algunas se les arrancó, en otras las abrieron ellos, e instrumentaron en esas democracias a los viejos partidos tradicionales como instrumento de la misma política que en definitiva llevaron adelante las dictaduras. Es decir, tuvimos en nuestra región, y particularmente en la Argentina, una ofensiva de lo peor del capitalismo financiero mundial y sus aliados, las viejas oligarquías de nuestras naciones, con formas democráticas. Por lo tanto era correcto, de parte de las fuerzas populares, que no retomáramos la lucha armada. Veníamos de una derrota de la lucha armada. Una parte importante de nuestro pueblo no creía en esa vía; y menos existiendo formalidades democráticas.

¿Qué hizo nuestro pueblo en casi todo Latinoamérica? Cambió el fusil por las piedras. Las armas fueron las piedras... y ahí volvió el Che, en las piedras, no en las armas. Pero masivo, rebelde, antiimperialista, allí estaba de nuevo nuestro pueblo con las banderas del Che. Pensaban que lo habían enterrado, que no existía más, y cuántos de ustedes lo vieron en las barricadas de los años '90 en esta nación, de nuevo. Cuántos de ustedes vieron las banderas del Che flamear de nuevo. Con otras formas, pero ahí estaba de nuevo, no lo pudieron enterrar.

Porque mientras exista la injusticia, mientras exista la explotación, mientras exista un niño con hambre, mientras exista el deseo de rebelión de los pueblos, allí va a estar el Che.

Y así peleamos contra el neoliberalismo durante los años '90, principios de este siglo, en esta nación y en todas las naciones de Latinoamérica. El Che había dicho, cuando fue a Bolivia, que había que crear uno, dos, tres, muchos Vietnam, porque Vietnam estaba siendo en ese momento el lugar donde se enterraba la política agresiva del Imperialismo, donde millones y millones de vietnamitas que no tenían nada, eran capaces de derrotar al ejército más poderoso de la tierra. Y él dijo: nosotros tenemos que se capaces de cavar aquí también, en Latinoamérica, la tumba del Imperialismo; hay que crear uno, dos, muchos Vietnam. Por eso fue a Bolivia y apoyó todas las guerrillas de Latinoamérica en los años '60, desde Cuba y desde su ejemplo. No lo pudimos enterrar; no pudimos ser como los vietnamitas; no alcanzamos. El Imperio y sus aliados nativos fueron demasiado fuertes en esa etapa histórica para nosotros. Pero sí fuimos capaces de crear, en los años '90, muchos ejemplos de resistencia a las políticas neoliberales, con barricadas, con piquetes, con muertos, con presos, pero ahí, firmes, con las enseñanzas del Che. Y acá, en este país, en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 enterramos la política neoliberal de todo Latinoamérica. Acá en este país. Y eran muchos jóvenes, seguramente algunos de ustedes estaban ahí, ya no son tan jóvenes, pero estaban ahí. Muchos no estuvieron, pero les cuento: eran jóvenes la mayoría de los que enterraron el neoliberalismo en la Argentina. Como dijo Fidel en las escalinatas de la Facultad de Derecho de Buenos Aires: no sabe el pueblo argentino el favor que le ha hecho a la derrota de la política neoliberal de los EE.UU en Latinoamérica con las jornadas del 19 y 20 de diciembre.

Son hijos de esas jornadas la mayoría de los gobiernos progresistas y populares que surgieron en Latinoamérica acompañando a Cuba desde finales de la década del '90 hasta la fecha. Y ahí apareció Chávez, como el primer gobierno popular para acompañar a Cuba, a su independencia, a su soberanía. Y luego vino Lula, y luego Kirchner, apareció Correa, el gran Evo Morales, ganó el Frente Amplio en Uruguay, Ortega en Nicaragua, ahora el obispo Lugo.
Nunca tuvimos en Latinoamérica esta cantidad de gobiernos, cada uno con sus características, pero con el signo común de intentar construir países soberanos; y de intentarlo en contra de la voluntad de los EE.UU. Como hicimos acá, en Mar del Plata, que enterramos el ALCA de los EE.UU.

Qué contento se pondría Guevara –decía un orador ayer- de ver este mapa. No serán muchos Vietnam, pero son muchos países de nuestra región, que han tomado la voluntad de ser países independientes, de poder dar más felicidad a sus pueblos, de poder tener futuro. Eso es un logro de Guevara y los guevaristas, y de 40 años de lucha; esto no salió de un repollo, salió de generaciones y generaciones que, igual que ustedes, llevaban las banderas del Che, las llevaban en sus armas, en las barricadas, en las tomas de facultades, en todos lados. Esto es el resultado de tantos años de lucha. Esas son las enseñanzas de Guevara.

Y acá estamos, en un país que está intentando ponerse de pie, ser un país más justo, más desarrollado, con más trabajo, con mucho menos pobreza. ¿Y qué tiene que ver el Che con todo esto? Por supuesto, cuando salimos y peleamos contra la oligarquía, contra el paro agrario, claro que tiene que ver el Che, ahí están las ideas del Che. Pero no sólo están allí las ideas del Che. Escuchen bien: sí está la combatividad y la vocación del Che por enfrentar al enemigo y derrotarlo, pero el Che era mucho más que eso, y es importante que ustedes que hoy son jóvenes, una nueva generación de jóvenes que despierta a la vida política de este país, a las ideas revolucionarias y a la conducta del Che, lo tengan en cuenta. En primer lugar el Che era un rebelde; no aceptaba la injusticia, la inequidad, no aceptaba que vinieran del exterior y nos dijeran lo que teníamos que hacer, no aceptaba que los ricos dictaminaran cómo se tenían que construir los países. Y ustedes tienen que heredar la rebeldía del Che. No se tienen que conformar con lo que hacen y con lo que les digan. Ustedes tienen llevar adentro suyo el espíritu de rebeldía. Porque cuando empezamos a construir países nuevos, cuando empezamos a construir países distintos, también aparece como una posibilidad cierta que amaine nuestra rebeldía, y que aceptemos cosas que no tenemos que aceptar. Si queremos ser como el Che, tenemos que ser rebeldes.

Cuando empezamos a acceder a los gobiernos, a los parlamentos, a las legislaturas, producto de que tenemos un país distinto, también comienzan las presiones para que nosotros seamos distintos, que porque tenemos un cargo en el gobierno no expresemos en voz alta los desacuerdos que tenemos con ese gobierno; que porque tenemos un cargo en la legislatura y podemos dejar de tenerlo, amainemos con nuestras opiniones y no las sostengamos con firmeza. El Che no sería así. Ustedes tienen que ser rebeldes si quieren ser como el Che. No se olviden nunca de eso.

El Che, además, y muchos luchadores de esta historia, tuvieron una característica que los ilumina con luz propia: decían lo que pensaban y hacían lo que decían. Ténganlo en cuenta. Eso se llama honestidad. Honestidad personal e intelectual. Una virtud que suele no estar difundida en la política tradicional, que suele no estar muy difundida en la cultura de estas sociedades que hemos heredado del neoliberalismo. Acá hay una parte importante de lo que se piensa que no se dice; y hay una parte más importante de lo que se dice, que no se cumple. Eso no es una enseñanza de Guevara. El Che estaba en las antípodas de ese pensamiento. Todos ustedes se están incorporando a la vida política de este país; aquí todavía están mezcladas las aguas; venimos de donde venimos; y hay algunos que nos quieren hacer creer que la política bien entendida es guardarse cosas, es decir cosas que después no se van a cumplir ni se van a sostener. Ustedes tienen que educarse en otros principios. Si ustedes piensan que el Che es alguien a quien imitar, que es una persona que dejó enseñanzas en este mundo, tienen que tener presente que el Che lo que pensaba lo decía, y lo que decía lo hacía.

Ayer, escuchaba a uno de los oradores, que cuando él vino a una reunión en Punta del Este, en el años 62, 63, y dijo que él se sentía tan latinoamericano como todo lo latinoamericano, que él no era sólo cubano y argentino, que era boliviano, uruguayo, peruano, paraguayo, y que estaba dispuesto a dar la vida en cualquiera de esos países, por esos pueblos, y por esas ideas. Fue y lo cumplió: murió en Bolivia, él era argentino y cubano por adopción, y murió en Bolivia. Eso es el símbolo de que lo que él decía lo llevaba adelante. Eso es lo que ustedes tienen que aprender del Che.

Cuando salgan a la vida política de este país, que está mechada de hipocresía, de cinismo y de mentiras, ustedes no se tienen que olvidar nunca cómo era el Che. Porque así van a ser parte de la generación que transforme en serio la Argentina, no sólo en la economía, sino también en la política, en las ideas y en la cultura. Tengan siempre presente eso.

Y también tengan presente que el Che era una persona desinteresada. Su único interés pasó por servir a los demás, no por vivir mejor. Ese era su pensamiento íntimo. Cuando él le escribe a sus hijos su carta de despedida - tengan en cuenta que el Che era Ministro en Cuba, era Comandante- les dijo: no les dejo nada material, les dejo mi ejemplo. Ese era el pensamiento íntimo del Che. Ustedes, cuando accedan a la lucha política, a la lucha sindical, a la lucha social, van a encontrar que en todos esos lugares hay gente que hace de eso una carrera, una carrera para obtener prestigio y beneficios materiales. No participan en los sindicatos, a veces hasta en los centros de estudiantes -y mucho más en la política- solamente por amor a una causa y por amor al pueblo. Y cuando llegan a lugares destacados son permanentemente tentados por los factores de poder, que les ofrecen figuración y riquezas. Ustedes tienen que aprender del Che, que era lo opuesto a eso. El Che peleaba por la causa de los pueblos, por la causa de los humildes, no hacía carrera política; era desinteresado de las cosas materiales, porque las cosas materiales son los instrumentos que las clases dominantes de nuestros países usan para corromper a los dirigentes populares. Eso sucede en los sindicatos, en la política. Ustedes son jóvenes. Probablemente muchos no lo hayan vivido aún, pero en la medida en que avancen en su compromiso político lo van a ver. Mucho más en tiempos como éstos, donde no estamos con el arma al hombro, ni detrás de una barricada peleando en Cutral Có, estamos disputando espacios y lugares políticos para que este país lo gobiernen los mejores. Cuando accedan a esos lugares –porque vamos a acceder a esos lugares, porque este país lo vamos a gobernar más temprano que tarde las fuerza populares; porque eso es guevarismo, pensar en el poder es guevarismo- no se olviden que el poder es complicado, y ustedes tienen que llegar con todos los principios del Che, no con algunos nada más, y uno de los principios es ése.

Por eso, en esta Argentina de hoy está presente Guevara, aunque no haya piedras ni fusiles, está presente en el compromiso, en la rebeldía, está presente en la integridad ética y moral, porque eso era el Che. Y eso es lo que ustedes tienen que aprender. Y algunos nos dicen, nos quieren hacer creer (yo he vivido una buena cantidad de años ya) que es incompatible la ética, la moral, y el compromiso con manejar el poder; que el poder es distinto porque hay que transar, porque hay que corromperse.. es mentira. Pero nosotros tenemos que demostrar que es mentira, no lo van a demostrar
ellos. Nosotros tenemos que demostrar que podemos gobernar este país y podemos hacerlo con principios y podemos hacerlo con moral y con ética como tenía el Che. Esa es la enseñanza que ustedes tienen que tomar del Che: su voluntad de poder y su conducta. Y no se olviden que esta Argentina nueva no la vamos a forjar nosotros, la tienen que forjar ustedes. Y la van a forjar de acuerdo a los principios que adopten en sus vidas y en su militancia. Porque nosotros estamos tratando de salir del infierno, pero una Argentina distinta es tarea de ustedes, el futuro es de ustedes. Ustedes tienen que convencer a miles y miles de jóvenes más ,de que tienen que participar de la política, de la organización social, de la lucha por conquistar los gobiernos, ustedes los tienen que convencer. Pero no se olviden nunca, en esa tarea, siempre tienen que tener al Che paradito, al lado.
Muchas gracias.

Argentina: Sobre el Che Guevara.

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