El enga駉so peso de la canasta familiar

10 de Mayo de 2010, 10:09

La Paz - Bolivia.- ¿Se gasta más en el mercado o en los servicios? La pregunta se la lancé a mi amigo economista, quien antes de ordenar sus ideas me respondió con un lacónico: “depende” y a continuación siguió: “depende del tipo de familia, si es pobre gasta lo mismo en comida como en los otros servicios; si es de clase media, por supuesto que gasta más en otros servicios, partiendo del hecho que se gasta en el taxi, peluquería, ropa y otros; mientras en las familias adineradas por supuesto que los gastos de otros servicios exceden ampliamente a los gastos de comida”.


La respuesta me aclaró el panorama a la hora de hablar de la canasta familiar ya que la mayoría creemos que sólo se trata de los productos comestibles. Es que mensualmente debemos distribuir nuestros gastos en alimentos, vivienda, vestuario, salud, educación, transporte y otros gastos.


Es probable que el Gobierno tenga razón a la hora de señalar que el índice de precios de la canasta básica (papa, arroz, fideo, huevo, cebolla, tomate y otros), no haya crecido mucho, pero es casi seguro que otros servicios si han crecido y más del 5 ó 10 por ciento y para ello hay que estar en el día a día.


Tres ejemplos saltan claramente a la vista. Si alguien quiere tomar un taxi los fines de semana o pasadas las 19.00 se encontrará con que el chofer le dirá sin ruborizarse “son cinco pesitos” y lo dice en diminutivo como para aminorar la carga. “Es que no hay que ir en taxi, sino en mini o en colectivo” dirá la autoridad gubernamental, a quien será difícil hacerle entender que a esa hora escasean este tipo de vehículos.


Mi amigo me cuenta que el peluquero que el año pasado le cobraba cinco bolivianos hoy le cobra siete. Esto sucede en la Paz, en un sector popular, y seguramente sucede lo mismo en Santa Cruz, Cochabamba, Tarija o Potosí.


A la hija de mi amiga ya no le alcanzan los cincuenta centavos diarios que le daba el año pasado para comprarse una bolsita de galletas en  recreo, porque ahora cuestan 70 centavos y los caramelos ya le han hastiado y hasta los que lustraban zapatos por 50 centavos han desaparecido para dar paso a los que cobran un boliviano.


Seguiría con una cadena de ejemplos, pero queda claro que los 1.000 bolivianos que recibía en mayo pasado mi amiga para el mercado, le quedan cortos y necesita al menos 500 más para llegar justo con el alquiler, el transporte y algunas medicinas, aunque está prohibido enfermarse en su familia.


Está claro que ante estas emergencias hay formas de disminuir los gastos de servicio, como por ejemplo lustrase en casa los zapatos o ahorrar la energía eléctrica e ir a la fuente de trabajo a pie, pero una cosa es predicar y otra distinta actuar. El tema es caliente y está en manos del Gobierno, pero también está en manos del peluquero, el taxista, el comerciante y de todos nosotros.

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