Me voy a distraer regando el césped de plástico

28 de Abril de 2010, 04:52

La Paz - Bolivia.- Pase mi niñez en una sociedad donde convivíamos con el periódico y apenas se conocía el plástico, así conocí las variedades del papel sábana, madera, lustroso, celofán, crepé, estañado y otras variedades.


La tendera nos vendía el pan en nuestra bolsa y envolvía el kilo de azúcar o arroz en papel periódico o sábana, tal vez por eso los periódicos eran grandes y apenas se conocía el tabloide, porque su utilidad secundaria era menor. La señoras envolvían las chompas, zapatos y pantalones en papel y hasta para pegar los productos se utilizaba el papel engomado, luego de haber pasado la tira del citado producto por nuestra lengua.


Y de pronto cambió nuestra civilización porque las cosas empezaron a importar cada vez más y las personas cada vez menos, ahora todo se tira y todo se desecha, mientras producimos más y más basura que la envolvemos en bolsas de plástico, que siempre están al alcance de la mano.


Ahora reviso mis camisas y sólo tienen un 30 por ciento de algodón y el 70 por ciento de plástico al que le han dado el pintoresco nombre de poliéster, sólo falta que mis frazadas sean de nylon y mi almohada de bolsas de plástico recicladas.


El hombre de la sociedad plástica empieza a darse cuenta de los daños y nos habla del calentamiento del planeta, de la terrible herencia que estamos dando a nuestros hijos y de la falta sensibilidad de los países industrializados, que parecen más empeñados en mirar los medios que el fin.


Como si fuera poco el otro día me contó una autoridad del deporte que en la ciudad de La Paz ya se cuentan con 20 canchas con césped sintético y que se colocará otras tantas en distintos barrios para darle un toque de verde a la ciudad. “Prefiero el olor a la tierra, las piedras y el barro”, protesté y me miró con aire compasivo como Juan Jacobo Rousseau habría imaginado al noble salvaje.


Al paso que vamos enseñaré a mis nietos a regar el césped sintético que tendremos en el futuro en medio de nuestros departamentos, les diré que se terminen de comer el postre aunque tenga cierto sabor a nylon y que no se preocupen de lavar los platos desechables, porque la nueva sociedad ha alcanzado el máximo grado de desarrollo, tal que la madera ya no es necesaria, porque hasta el ataúd que nos espera a la vuelta de la esquina es de un plástico formidable y hay del tono que uno elija antes de entregar sus restos a la parca.
Ernesto Murillo Estrada
Es filósofo y comunicador social

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