La jornada en la que los maleducados ganaron por goleada

12 de Abril de 2010, 12:34

La Paz - Bolivia.- Cuatro decenas de hinchas de Wilstermann, algunos de ellos con un tufo de alcohol, gritaban estupideces; mozalbetes inadaptados que no respetaron el minuto de silencio; un jugador maleducado que hace un corte de manga a la tribuna mofándose del público en el que hay mujeres, niños y mucha gente educada; como si fuera poco gente que pintó los interiores del estadio como si fuera su casa propia. Eso y mucho más se observó en una jornada de fútbol en el estadio Hernando Siles.


Un estadio no es un circo romano donde se va a ver sangre o a gritar lo que a uno le venga en gana, ni es un templo donde todos guardan un respeto y silencio sepulcral: un estadio es un lugar donde se muestra la educación que uno lleva de casa, un sitio donde uno expresa sus emociones sanamente y no despierta sus instintos más primitivos contenidos en casa o la oficina.


La culpa es de la permisividad de los padres y maestros de escuela  y de la falta de objetividad individual y de educación colectiva.


El gesto conocido como corte de manga es reconocido como uno de los más obscenos, grosero, propio de personas de "baja estofa", es decir que su categoría moral y social anda por los suelos. Ese gesto era el que realizaban los prostitutos en la antigua Roma para dar a entender a sus clientes que estaban trabajando.


Es probable que el defensor Ronald Rivero, quien hizo ese gesto a la tribuna de Preferencia, no conozca estos antecedentes, y se le debe disculpar por ello, pero no puede pasar por alto su prepotencia y falta de respeto a la institución y su público, lo que muestra que el técnico y los directivos tienen un largo trabajo con un jugador que debe ser sancionado como ocurre en cualquier latitud.


Lo que es inaceptable es que los hinchas de Wilstermann ingresen al estadio con varias copas de más, se hayan dedicado a pintarrajear las paredes de los baños. Esos jóvenes deben reparar ese daño, pagar la multa correspondiente y negársele el ingreso a los estadios por un buen tiempo.


Ese mismo grupo lanzó insulto de grueso calibre contra los paceños, dirigentes de Bolívar y la barra rival aprovechando el minuto de silencio antes de iniciar el encuentro. Esta actitud muestra que Wilstermann tiene una de las barras más groseras y pobres del país y que para ingresar a ese grupo se debe tener un vocabulario limitado, saber mucho de groserías y cargar el estómago de licor para quitarse el rubor. Cuánto tienen que trabajar los dirigentes para eliminar de los estadios a ese tipo de personas.


La Policía hizo un buen trabajo trasladando a esos inadaptados a las celdas policiales y ojalá aparte de pagar por los daños se les recuerde que significa propiedad privada, propiedad ajena y propiedad pública. Hay que cortar de raíz este tipo de actitudes de jugadores, barras bravas y algunos hinchas que en algunas oportunidades se exceden en los insultos.
Por Ernesto Murillo

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