El hombre rechaza por naturaleza las hegemon韆s

05 de Abril de 2010, 08:17

La Paz - Bolivia.- Los analistas interpretaron los resultados de las elecciones para gobernadores y alcaldes en Bolivia, como un freno al que quería ser un gobierno hegemónico. De esta manera la sociedad, a través de su voto, estableció unos frenos y balanzas tan necesarios para la convivencia armónica.


Hay un deseo natural del hombre de acumular los poderes para garantizar el ejercicio del poder. Es que se aspira a gobernar sin trabas, sin tener que dar explicaciones para cada proyecto a realizar, más aún cuando la oposición en Bolivia está anclada en conceptos e ideologías arcaicos y coloniales.


El filósofo Antonio Gramsci parte de la constatación de que todo imperialismo es cultural, por lo tanto, todo tipo de resistencia antiimperialista debe ser cultural y la lucha de las culturas es una pugna por lograr la hegemonía.


Si el capitalismo, llevado a su fase superior, encontró en el imperialismo la forma refinada para explotar al ser humano, no le fue difícil imponer la teoría del dominio de un Estado sobre otros subordinando a éstos a la categoría de inferiores, cuyo rol consistía exclusivamente en el aporte de materias primas y mano de obra barata.


Frente a esta hegemonía del capital surgió hace poco más de una década una corriente popular y socialista en varios países de América Latina que encontraron la vía para llegar al Gobierno, pregonando el desarrollo endógeno, las estructuras del poder popular y las políticas de inclusión de los sectores postergados.


Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y hace poco Uruguay inclinaron la balanza para este lado y enarbolaron las banderas de este cambio, con matices distintos. Para consolidarse aplicaron medidas restrictivas contra las fuerzas de oposición y lograron sus objetivos, en unas partes más y en otras menos.


De esta manera, las nuevas hegemonías fueron dejando pocos espacios a la oposición, que como en el caso boliviano, pronto dieron muestras de singular esterilidad, entusiasmando al partido gobernante, que esperaba caminar a la gloria acaparando todos los poderes posibles.


Pero el pasado domingo, esta política hegemónica recibió un freno, de manera que el gobierno resignó la victoria en ocho capitales de departamento más cuatro gobernaciones y cedió terreno al crecimiento de una nueva fuerza política que ganó en los municipios de La Paz y Oruro.


Es que al hombre común le gusta el orden, pero no que lo aprieten; le gusta el cambio, pero que sea participativo y no inconsulto; quiere desterrar a los viejos partidos que postraron el país durante décadas, pero no soporta que le indiquen el camino y le digan por quién tiene que votar hasta el punto que lo conduzcan al camino de la sumisión.


Y es que las hegemonías son temporales tal el caso de Argentina donde va en franco retroceso con los Kirchner , que además vienen de perder los comicios legislativos, y con ellos la mayoría en la Cámara de Diputados, tal es así que muchos les pronostican su inminente final en el 2011. No parece ser muy expedito el camino que recorre Chávez en Venezuela y, el pasado domingo, el presidente Morales parece haber recibido un llamado de atención.


Es probable que los llamados partidos de la derecha estén pulverizados, pero el hombre común siempre aspira a ser gobernado de acuerdo al orden y los principios del derecho, pero le repugna la hegemonía, porque este sistema agota el diálogo, la posibilidad de pensar diferente y el derecho a disentir, sencillamente porque los seres humanos somos distintos.
Ernesto Murillo Estrada
Es filósofo y comunicador social

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