Al maestro Jaime Escalante con cari駉

31 de Marzo de 2010, 06:20

La Paz - Bolivia.- Don Jaime escribió una página dorada en la educación
No era un profesor cualquiera, era don Jaime Escalante, un maestro capaz de revolucionar los preceptos más firmes de la educación de entonces.
La Paz, 31 Mar (Erbol).- Inquieto, penetrante, con voz de mando que cautivaba a sus interlocutores, tenía la costumbre de pasearse entre los bancos para lanzar las preguntas como dardos. Nadie podía estar distraído y las clases de 90 minutos parecían de 30.


“Hoy voy a calificar los pañuelos, saquen sus pañuelos. Póngale uno a éste por tener un chicharrón en lugar de pañuelo. Vamos a ver, quién puede resolver este ejercicio levante la mano”, tímidamente levantan la mano tres o cuatro. “A esos póngale siete y al resto uno”, dice don Jaime, el profesor que en el recreo juega pelota de mano frente a dos o tres alumnos.


A la clase siguiente vuelve a preguntar: “Vamos a ver quién puede resolver este problema” y como impulsados por un resorte, todo el curso levanta la mano. “Qué bien”, exclama don Jaime y a continuación espeta a uno de los alumnos: “Tú Pedrito, que has levantado la mano, pasa a la pizarra y resuelve el problema” y como el muchacho queda petrificado en su pupitre porque no sabe el procedimiento, recibe la amonestación de don Jaime que le dice: “Por mañudo, anótenle siete veces uno”.


Ese era don Jaime Escalante a los 30 años, cuando dictaba clases en las aulas de los prestigiosos colegios Bolívar y San Calixto. No era un profesor cualquiera, era don Jaime Escalante, un maestro capaz de revolucionar los preceptos más firmes de la educación de entonces.


No sé por qué, un día dejó el colegio y todos se preguntaron qué habría pasado con él. Pero pronto llegó la respuesta, se fue a Estados Unidos, parece que se fue a la NASA. Desde entonces parecía que las clases de Matemática  ya no eran las mismas, porque es difícil enseñar jugando a mozalbetes, que por naturaleza están peleados con los números.


Aquellos muchachos de las décadas de los años 50 y 60 se enteraron, tres décadas más tarde, que don Jaime hacía furor en Estados Unidos con los jóvenes rebeldes a quienes les mostró que la matemática era un juego y hasta le hicieron una película, porque don Jaime había hecho de la educación una forma de cambiar los corazones más indómitos.


No era don Jaime flaco, atlético y juvenil, ahora lo vieron con una cachucha para tapar los pocos cabellos que le quedaban, utilizaba unas gafas, pero detrás de ellas estaba la misma mirada picaresca, las mismas ganas de transmitir toda su ciencia. Con eso le bastó para cautivar a “los gringos”.


Don Jaime se recuerda de mí, yo soy Juan Pérez, estuve en el Sanca en 1958… Usted jugaba con nosotros… Estas preguntas se la hacían sus alumnos del San Calixto y el Colegio Bolívar y también los que no fueron sus alumnos, porque en las conversaciones de grupos, siempre resultaba agradable escuchar a alguien que contaba las anécdotas de don Jaime Escalante.


No sé si se le hizo el homenaje que merecía. Yo tampoco tuve la suerte de ser su alumno, pero si lo fue mi hermano mayor, que cuenta aún aquellos días felices en las aulas del Sanca, porque don Jaime escribió una página inolvidable en la historia de la educación boliviana. Queda la satisfacción de señalar que don Jaime, que ahora enseña más allá del mundo mortal, adoraba Bolivia, era orgulloso de ser paceño y se consagró a la educación.
Ernesto Murillo Estrada
Es filósofo y comunicador social

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