253 capítulos de la más inolvidable de las historias

28 de Marzo de 2010, 01:55

La Paz - Bolivia.- Estas páginas las dedico a los niños de hoy, jóvenes y abuelos de mañana; a los habitantes de mi tierra, que veo en las calles de Sopocachi, Miraflores, Calacoto o en una de las tantas villas de esta adorable La Paz. Los veo los domingos con el rostro de fruta madura y cantando como dice Eduardo Galeano: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos”.


El 16 de octubre de 1927, en la cancha del hipódromo de la zona de Miraflores se vieron las caras por primera vez los que entonces eran aguerridos equipos paceños y luego se convirtieron en los colosos del fútbol boliviano, aquel día dice la prensa empataron cero a cero.  También empatan al año siguiente, pero en 1929 los stronguistas le ganan por 1-0.


Es la época del fútbol amateur, del tranvía, de la ciudad, de los oficios, el artesano y los comercios iluminados en la noche con velas. El fútbol se gana rápidamente la simpatía popular. Es el tiempo de las camisetas de manga larga y algunas con un cordón en el pecho, las chuteras tienen puentes y el balón un pistilo para inflarlo que se oculta con un cuerito extra. Huarikasaya, kalatacaya dicen unos, pero al frente están los otros que gritan Viva el potente Bolívar. Para saber de fútbol había que conocer un poco de inglés y es común decir: nuestro golquiper no atajó ni uno, tenemos buenos backs, hay que conseguir un insaider derecho o el foward está petacudo, ese laisman no sabe nada y cobra lo que quiere  o el trowing es nuestro.


En ese periodo se juegan de acuerdo a las estadísticas recopiladas 26 clásicos oficiales y Bolívar empieza a sacar leve ventaja. Aquél Bolívar tenía la sutileza de Orozco, la galanura y potencia de Mario Alborta, la firmeza del Kullu Baldellón y la prestancia del Cabro Plaza. “Como Alborta no hubo otro. Era el indio del Indio Peláez un defensor del petiso Orgaz, del impasable Achá.


Y llegó el tiempo del profesionalismo. Hacia 1950, Bolivia vivía un periodo de cambios y reclamaba la modernización de las instituciones. En ese marco, los dirigentes de la Asociación de Fútbol de La Paz decidieron dar el salto al profesionalismo, de manera que el 25 de mayo de 1950 se instauró el profesionalismo para su Primera División, para que los clubes se manejen con sentido empresarial y así permitir la compensación adecuada a los jugadores extranjeros que llegaban por entonces al país. Aquel paso se dio el viernes 26 de mayo de 1950.


En el primer clásico del fútbol profesional en 1950 goleó Bolívar por 4-0 y en la revancha repitió la dosis con un 6-4 contundente. Desde aquellos partidos hasta 1977 cuando se fundó la Liga del Fútbol Profesional Boliviano se disputaron 58 partidos con saldo a favor de la Academia.


En el Tigre apareció el Chino Ramírez, el arquero Ortuño, el formidable Negro Vargas el goleador Carlitos Cárdenas, Rolo Vargas y otros más. En Bolívar lució el gran Maestro Ugarte, el capitán Edgar Vargas, el goleador Mario Mena, el temible rematador Ramón Guillermo Santos y luego  llegaron los René Rada, Mario Rojas y compañía.


La Paz de entonces empezaba a rascar el cielo con sus edificios que competían con los 12 piso de la UMSA, la ciudad se extendía a Obrajes y Calacoto y en el Alto empezaban a multiplicarse las casitas con los focos de 25 watios. La Paz de los años 60 corría tras el millón de habitantes, las fábricas Soligno, Said, Induvar, cervecería cedían el paso a otras industrias y al gran comercio paceño de los barrios populares.


Bolívar empezó a llamarse Academia o el campeón y The Strongest dejó atrás a la vicuña y la chayñita, se repuso del accidente de Viloco en 1969 y creció con una estructura propia.


La gente seguía viniendo al clásico sin importarle si había una curva norte o sur, porque atigrados y celestes compartían las tardes de fútbol con la ranga, las patitas y como dice el paceño, una buena cerveza, pero el fútbol había extendido sus fronteras y se convivía con el notable Wilstermann, el temible San José, el pujante Oriente Petrolero y sus habilidosos jugadores cambas. Aurora también aportaba con lo suyo y Blooming empezaba a pedir paso.


Hasta que llegó el tiempo de la Liga en 1977, con los toques de la sociedad actual globalizada por las costumbres que ha hecho una metamorfosis gradual del lenguaje y ha impregnado el deporte con pinceladas de economía rampante en la que se venden los colores amarillo y negro y el celeste. Ahora Bolívar es Academia y The Strongest es el Tigre. En la camiseta se han colocado publicidades con todos los matices.


Habría que dividir esta etapa en otras sub etapas, porque el paceño de 1977 no es el del 2010, aquel gustaba más del cine, las fiestas hasta medianoche, los corazones tatuados en los árboles y las cartas románticas. El de hoy chatea, gusta de hacerse conocer por el facebook, recorta las palabras y hasta ir al fútbol es una forma de relacionarse.


En esta nueva etapa se han jugado 169 clásicos, entre vibrantes, apasionantes y otros tediosos, con una marcada ventaja de Bolívar, que incluso ha pasado al frente en la preferencia nacional, porque los éxitos le han sonreído más que a su rival.


 Es que el clásico marca toda la agenda semanal y hasta la forma de vestir, pasaron a la historia las viseras y los almohadones de papel, para dar paso al plastoform, las manillas y las poleras imitación de las camisetas oficiales.


A Bolívar y The Strongest llegaron los mejores jugadores del fútbol boliviano y lucieron orgullosos esos colores. Fernando Salinas, Jesús Reynaldo, Ovidio Messa, Erwin Romero, Marco Antonio Etcheverry, Erwin Sánchez, Ricardo Troncone, Luis Bastida, Luis Galarza, Lucho Iriondo, Víctor Hugo Antelo, Joaquín Botero,. Julio César Baldivieso, Ricardo Fontana y muchos otros podrán decir con orgullo. Yo me puse la casaca atigrada, yo vestí la camiseta de Bolívar.


Esta tarde del domingo 28 de marzo de 2010 se juega el clásico oficial 253, alguno dirá uno más o uno menos, pero difícilmente se podrá cambiar la historia. No sé por qué mi padre eligió el color celeste o por qué mi tío se emocionaba cuando veía entrar al campo de juego a The Strongest, es porque en cada familia hay un sentimiento particular detrás de estas divisas.


Es que a los que queremos este deporte, la vida nos dio el privilegio de ver el toque mágico de Ugarte, el cabezazo de Camacho, sentir la voz de mando de Ramírez y deleitarnos con las sutilezas de Etcheverry y tantos otros exquisitos, a quien la naturaleza les premió al entregarles un guante fino en los pies.
Por: Lic. Ernesto Murillo Estrada.

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