Bolivia: El mensaje de un gran humilde

15 de Marzo de 2010, 01:32

La Paz - Bolivia.- El mensaje de Don Bosco llegó a Bolivia a finales del siglo XIX y la primera obra se instaló en el final de El Prado, donde terminaba la ciudad de La Paz y donde ahora se encuentra el colegio salesiano, que es uno de los establecimientos ubicado en el corazón de la urbe paceña.


Don Santiago Costamagna fue delegado para iniciar esa obra que hoy convoca a más de un centenar de vocaciones que abrazan el carisma de Don Bosco por cuyas aulas pasaron miles y miles de jóvenes en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Sucre y provincias del país.


Juan Bosco no era precisamente un muchacho de alta alcurnia. Era hijo de campesinos, huérfano de padre y con una madre (Margarita Occhiena) que le enseñó a nadar contra corriente, porque este muchacho recorría una decena de kilómetros para ir a la escuela. Empezó a los 12 años la instrucción, pero tenía alma de gladiador, capaz de superar los más enconados combates.


Este muchacho se hizo sacerdote y fundó sus famosos oratorios, que no eran otra cosa que centros educativos donde se alternaba el juego con el estudio y la formación. “Quiero honestos ciudadanos” arengaba a los jóvenes con quienes jugaba y a quienes dirigía sus sabias palabras convertidas luego en axiomas educativos por su perspicacia.
Bajo el lema de prevenir antes que castigar impuso el sistema preventivo, un verdadero dogma en la educación moderna, porque creía más en la palabra que en el latigazo o el coscorrón. Padre, maestro y amigo de los jóvenes, sugirió a sus seguidores estar siempre al lado de los jóvenes, en los patios y en los momentos libres, para que éstos tengan siempre el consejo oportuno que los aparte de los vicios.
Este Juan Bosco conocido como Don Bosco, porque a los sacerdotes se les dice Don en Italia, visita hoy Bolivia, no con el cuerpo físico, sino con el espíritu representado por sus restos que están dentro de una urna bien conservada. Miles de jóvenes lo fueron a ver a la parroquia de María Auxiliadora en el centro paceño, al lugar donde empezó la obra de Don Bosco en Bolivia.


De estatura regular, afable, con la sonrisa en los labios y la palabra oportuna, este humilde hombre se convirtió en los dos últimos siglos en el referente del catolicismo en el mundo, y nos recuerda que para pasar a la historia no es necesario grandes escenarios ni discursos, sino un gran corazón y pensar siempre más en los otros que en uno mismo.


A Don Bosco lo canonizaron en 1934 y desde entonces es San Juan Bosco y la Iglesia no necesitó muchos trámites y milagros, porque lo suyo era evidente, era algo como discutir si el agua es beneficiosa para la salud.


Es probable que a él le hubiese gustado más llamarse de por vida Juan Bosco, pero donde quiera que uno vaya encontrará en las grandes ciudades y en los pueblos alejados, una obra con el nombre de Don Bosco o sus seguidores: Domingo Savio, Don Rúa o María Mazzarello, porque su mensaje tiene un carácter universal.
Ernesto Murillo Estrada
Es filósofo y comunicador social

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