Las profecías que invaden nuestra tranquilidad

02 de Marzo de 2010, 12:12

Acabo de recibir en mi correo un pequeño trabajo donde supuestamente se devela la tercera profecía de la Virgen de Fátima, que nos anuncia una especie de fin del mundo.


Este tipo de previsiones surge cada vez que nos enfrentamos a un fenómeno natural de gran envergadura, como por ejemplo el terremoto ocurrido en el centro y sur de Chile. Entonces aparecen los adivinos, enviados, pitonisos y otros más.


Ahora reflotan las supuestas profecías mayas para el 2012, Nostradamus y Malaquías entre otros, que no pintan un apocalipsis cercano que marcará el fin de la humanidad y el inicio de una nueva tierra con seres más generosos y ligados a Dios.


En 1917, tres pastores sintieron una visión de la Virgen María en un pueblo de Portugal conocido como Fátima. Lucía, uno de los niños que luego se hace monja anuncia que los dos primeros secretos eran: una visión del infierno, y el segundo, el inicio de una nueva Guerra Mundial (la segunda). El tercer secreto no fue confiado a la gente a petición de la Señora, pero permanece en un sobre cerrado en el Vaticano. Según se cuenta, el Papa Juan XXIII lo abrió y leyó en 1960, y dicen que la revelación aterró tanto a Su Santidad que ordenó que se cerrara bajo llave y no se hiciera jamás público.


Es evidente que el ser humano quiere saber cuándo llegará ese día y qué signos previos tendrá el hombre para poder arrepentirse y ligarse a Dios. Ese es el tema sobre él giran una serie de consideraciones de algunas corrientes religiosa, que anunciaron el fin del mundo para el año 2000 y ahora hablan del 2012.


La propia Iglesia Católica, en su Credo, que es una especie de su filosofía básica señala que “Jesucristo vendrá a juzgar a vivos y muertos”, lo que quiere decir que habrá un fin del mundo, que no es lo mismo que fin de la humanidad y que habrá que prepararse para ese día. Justamente el libro del Apocalipsis que es el último del Nuevo Testamento toca estos temas del fin de los tiempos, mejor conocido como escatología, con expresiones comparativas.


¿Qué ser humano se puede atribuir el don de predecir el futuro? Seguramente ninguno, aunque todos tenemos intuiciones positivas o negativas de algo que vendrá, pero eso no es profecía ni predicción. Hay mucho que caminar en esta tierra y preocuparse tanto del futuro y lo que vendrá es olvidar el presente. Así deberíamos entender lo que sucede en Chile hoy, que se preocupa más del presente, porque hay mucho que hacer, antes que estar ocupado en el futuro y sus posibilidades.
Ernesto Murillo Estrada
Es filósofo y comunicador social

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