De los ilustres a los despilfarradores

24 de Febrero de 2010, 06:13

La Paz - Bolivia.-  El historiador griego Heródoto decía que la historia la cuentan los vencedores, y tiene mucha razón, porque a falta de historiadores en el fútbol paceño, varios dirigentes cuyo nombre merecería pasar al olvido quedaron en la vitrina, porque ellos mismos se recordaron con torneos o campos deportivos que llevan su nombre.


Así como al héroe del Chaco, don  Manuel Marzana, no se le ha recordado ni honrado lo suficiente, sucede lo propio con hombres que han hecho historia en el fútbol paceño. Éstos ilustres figuran en pocas crónicas, han sido empolvados por el tiempo y cedieron su lugar a otros nada ilustres que más bien velaron por sus intereses personales.


Entre estos ilustres se encuentra en primer plano don Eduardo Saenz García, quien no sólo procuró para el fútbol paceño unos terrenos en Calacoto, sino que junto a Roberto Prada Estrada gestaron la organización del Sudamericano de Fútbol en 1963 poniendo en riesgo hasta su propio patrimonio.


Junto a él se debe recordar a Max de la Vega el que colocó los cimientos de esta institución que este 22 de enero cumplió 96 años y está a cuatro del centenario. A esta entidad le pusieron el hombro grandes dirigentes de The Strongest, Bolívar, Ayacucho, Nimbles Sport, Atlético Alianza y Litoral, para citar a los más encumbrados de antaño y luego los otros que llegaron junto a los equipos estatales como Chaco, Municipal, 31 de Octubre y Unión Maestranza entre otros.


Fue tal el grado de pasión de algunos de estos hombres, que uno de ellos, don Kurt Koegnifest, dirigente de Northern se suicidó por las deudas de su institución, porque entendió que el dirigente era el desprendido, el que llegaba al cargo para cumplir un servicio.


Pero la historia, como las civilizaciones, tiene periodos brillantes y otros de barbarie, como los que atraviesa hoy el fútbol paceño y no es necesario dar nombres, porque los hechos los pintan de cuerpo entero.


Uno de éstos vendió parte de los terrenos de Calacoto, prestó el dinero a sus socios de empresa y ante la presión de los medios periodísticos tuvo que devolver los 650 mil dólares que había de excedente. El periodista que escribe esta columna, recibió de la AFLP el trofeo de agradecimiento por su denuncia y tarea persistente, para que devuelvan ese dinero, pero el dirigente que recibió ese monto, lo gastó a manos llenas, administró esos bienes sin criterio y hoy, la Asociación corre el peligro de perder parte de su patrimonio.


Es más, algunos de estos dirigentes ha querido recordarse colocando su nombre a un campo deportivo  y los otros se han atornillado a sus cargos dejando a esta entidad en una situación de inercia.


Pasaron los tiempos de los abnegados, de los desprendidos y visionarios. Vivimos tiempos de sequía de ideas, de hombres que buscan el protagonismo y para ello buscan la palestra del deporte. Es que ha cambiado la escala de valores del hombre moderno, que parece no distinguir la barrera entre lo bueno y lo malo, que ha perdido el sentido de culpa y hasta perdió el miedo al ser trascendente.
Ernesto Murillo Estrada
Es comunicador social y filósofo

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