Un nuevo estilo de fútbol

22 de Febrero de 2010, 11:36

La Paz - Bolivia.- Este futbolín está mal papá tiene tres delanteros y sólo dos defensores, me advirtió mi hijo la primera vez que nos vimos frente a frente en un juego. No me costó mucho hacerle entender que este juego lleva un centenar de años y que el fútbol se practicó así hasta 1958 cuando los brasileños empezaron a jugar un 4-2-4, revolucionario para el momento; luego los técnicos cambiaron por un 4-3-2 y los actuales ejercitan el 5-3-3-1, aunque a más de uno le gustaría jugar sin delanteros. Claro está que los que fabrican futbolines no son amigos de las modernizaciones.

Al actual técnico de la Selección le escuché decir que quiere darle una identidad al equipo (entiendo que quiere decir una forma de jugar). ¿Para qué? Ya la tenemos, si él mismo juega con ese estilo de esperar al rival y ver su oportunidad para atacar. Habría sido novedoso que diga: “voy a cambiar el actual estilo de juego que tenemos, basta de pases lateralizados y estilo calculador”.

Más o menos a mediados de la década de los años 90 llegó al país el entrenador argentino Jorge Habegger, a quien hasta hoy muchos le guardan reverencia, cosechó varios éxitos, tuvo resonantes fracasos y se marchó tras una serie de malos resultados. Al finalizar uno de esos malos partidos de su equipo un aficionado le lanzó un sándwich de chorizo que le explotó en el rostro al tiempo que le reprochaba por la forma cómo planteaba el juego. Esto es anécdota porque lo que cuenta es el estilo de juego que planteó este entrenador. Nunca más de dos atacantes, controlar el balón en el medio terreno, convertir a los mediocampistas en volantes laterales. Lanzaba mirada de perdonavidas al volante que osara irse hasta el área rival.

Este entrenador con algo más de una década en el fútbol boliviano, entre idas y venidas, le puso un sello al fútbol boliviano. Los jóvenes entrenadores nacionales, más otros que han llegado de otras latitudes juegan más o menos así: de este a oeste, atesorando el balón, lanzando pases de aquí para allá, y casi nunca mirando el arco contrario. Jugando de esa manera y con el citado técnico en el banco de la Selección, Ecuador nos apabulló 5-1 en el propio estadio Hernando Siles.

En mis tiempos de reportero presencié al menos un millar de prácticas de Bolívar bajo la conducción del citado Habegger y escuché permanentemente expresiones como éstas: no suba, entregue el balón, que gire el balón, dénsela a Carlos (aludiendo a Carlos López, el único con autorización para mandar el pase en profundidad), marque, marque, no hay que regalar el balón.

Hoy en el fútbol boliviano jugamos de este a oeste, mientras los demás miran el norte y apuntan al arco contrario. Somos campeones del juego lateralizado. Para salir al campo rival requerimos de ocho a 10 pases. Ahora no pedimos lograr un resultado exitoso en el exterior, sino que nuestros equipos marquen un gol en cancha ajena. Una jugada del último partido de Blooming frente a Libertad, en Asunción, pinta por entero lo advertido. El delantero Akerman recibió el balón cerca del área paraguaya, a un metro de él estaba su cancerbero, y dos o tres metros más atrás había otro defensor. La cámara enfocaba un área de aproximadamente 300 metros cuadrados y en ese espacio se encontraban cinco jugadores de Libertad y ningún compañero del delantero de Blooming.

Ningún equipo boliviano juega con tres delanteros netos y cuando vamos de visita colocamos a un delantero que es marcado por dos o tres jugadores, de manera que termina agotado, golpeado y desalentado, porque cuando quiera hacer un pase tiene que mirar en lontananza, para advertir que lo abandonaron.

Como si fuera poco nos hemos acostumbrado a las declaraciones destempladas de los técnicos que dicen más o menos así: “nosotros atacamos constantemente y no pudimos concretar, mientras ellos sólo llegaron en tres ocasiones y anotarlos los tres goles”. Menos mal que los visitantes sólo llegan tres veces, porque si llegan una decena de ocasiones entonces nos llenarían la canasta.

Requerimos y con urgencia de técnicos que cambien este estado de cosas, que miren adelante, que busquen goles, que ataquen con tres o cuatro hombres en el área, que corrijan la tendencia de los pases lateralizados y que enseñen a patear de 30 ó 40 metros con precisión y potencia, lo demás es verso. Tenemos un estilo de jugar lento, lateralizado, mezquino, calculador, inofensivo y nada vistoso y eso hay que cambiar de inmediato.
Ernesto Murillo Estrada
Es comunicador social y filósofo

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