DEL CONGO A 脩ANCAHUAZ脷

20 de Julio de 2017, 07:04

En Praga, Ramón Benítez seguía siendo el Che bajo su nueva apariencia, y fiel a su disciplina revolucionaria leía mucho, tomaba apuntes e incluso reflexionaba sobre teoría económica marxista, con vistas a escribir una suerte de comentario sobre el famoso Manual de Economía Política, redactado por Piotr Nikitin en la época de Stalin por la Academia de Ciencias de la URSS. La intención del Che era incorporar opiniones y rectificaciones teóricas al tratado soviético. Durante su breve estancia checoslovaca tuvo tiempo de leer y reflexionar profundamente, y dejó a las generaciones futuras varios aportes teóricos sobre economía, hoy conocidos bajo el título de Apuntes críticos a la Economía Política. El Che escritor no dejó la pluma en ninguna de las etapas de sus periplo revolucionario. Apenas unos meses antes, mientras esperaba en Tanzania, había concluido su Pasajes de la Guerra Revolucionaria: Congo. Todo ello en medio de las incomodidades inherentes a su situación secreta. Debido a ellas, algunas semanas más tarde de su llegada a la capital checoslovaca, Guevara y los que le acompañaban debieron realizar cambios de domicilio para una mayor seguridad, por lo que se alojaron desde finales de mayo en una finca fuera de Praga, en la localidad de Ládví.

Desde La Habana le eran remitidas cartas que eran entregadas por varios contactos comisionados desde Cuba. Fue así que mantuvo un importante intercambio epistolar con Fidel desde su escondite, y sus cartas contienen, entre otros temas, una discrepancia fundamental que había surgido entre ellos: Castro lo reclamaba en Cuba, y el Che deseaba ir directamente a Bolivia, lo cual —según Fidel— era una idea apresurada destinada a sufrir múltiples inconvenientes desde diversas consideraciones tácticas.

A pesar de la insistencia de Fidel para que acudiera a su encuentro en la Isla y discutir entre ambos el mejor paso a seguir, Guevara era renuente a volver, pues en realidad estaba molesto con su viejo camarada. Castro había leído públicamente la carta de despedida que le dio el Che en marzo del 1965, antes de ir al Congo (ver el texto completo de la carta en la edición del 15 de julio de este mismo espacio). La intención del Che con aquel mensaje de renuncia era dejar un homenaje y un testamento a sus hermanos cubanos y a Fidel mismo, por si lo peor ocurría en África. Pero Fidel, animal político de enorme intuición y apreciando el valor político y documental del texto, la leyó al pueblo cubano apenas seis meses después, el 3 de octubre de ese año, en ocasión del Primer Congreso del Partido Comunista.

El Che consideró su lectura una deslealtad de su viejo amigo, aunque no una traición. Solamente estaba disgustado, y eso influía en su ánimo para regresar otra vez a su amada nación adoptiva.

En Praga, no obstante, el Che recibe una visita de su esposa, Aleida March, a la cual había visto en Tanzania unos meses antes, suponiendo que aquel quizás podría ser su último encuentro. Todos los naipes de la baraja están en la vida de un guerrillero, incluida la muerte. Este sorpresivo viaje de Aleida a Praga fue a instancias de Fidel, que le sugirió ir y además facilitó los recursos logísticos para efectuar el traslado. Aleida realizó su visita en abril de 1966 y al publicar años más tarde su libro de memorias Evocación - Mi vida al lado del Che, recordaría: “Fue  Praga la ciudad encantada. No importa que no pudiéramos disfrutarla a plenitud, porque debíamos mantener una disciplina estricta y el mayor secreto. A nosotros nos bastaba poder estar juntos… Alguna que otra vez rompíamos la disciplina y nos escapábamos. En una de esas contadas ocasiones, recuerdo que fuimos a comer a un restaurant cercano al departamento… ¡Éramos tan felices! No tengo que decir lo mucho que disfrutamos esas escapadas a solas, incluida la que hicimos al estadio para presenciar un juego de futbol.”

También acudirá a Praga Ramiro Valdés, que por entonces era el nuevo ministro de Interior cubano. Será él quien finalmente persuadirá al Che para que vaya al encuentro de Fidel y preparase desde Cuba la expedición boliviana. Fidel le había hecho saber que pondría todos los elementos a su alcance para realizar la nueva escala revolucionaria.

A mediados de julio de 1965 comenzó la última etapa de Guevara en Praga. El recorrido de regreso a La Habana fue organizado hasta en los mínimos detalles. Finalmente se resolvió que el Che y Alberto Fernández Montes de Oca (alias Pachungo) salieran de Praga pasando por Viena, con un pasaje en autobús para el día 17 de julio. El Che utilizó su pasaporte uruguayo con número 123.890 a nombre de Ramón Benítez Fernández. Pachungo saldría de Europa con la falsa identidad de Antonio Garrido García. De Viena pasaron rápidamente por tren a Ginebra, en Suiza, y al día siguiente hacia Zürich, desde donde el día 19 viajaron en avión otra vez de regreso a Praga. Una circunvalación aparentemente absurda y descabellada, pero necesaria para los rígidos protocolos imperantes en una guerra sin cuartel entre dos hemisferios enemigos, entre dos proyectos de mundo.

En Praga les cambiaron la documentación uruguaya y se les entregaron pasaportes cubanos visados por la Embajada de la URSS. Con ellos, el día 20 de julio embarcaron hacia Moscú, y de allí finalmente hacia La Habana. El día 21 llegaron de incógnito a Cuba, donde el Che y Fidel se estrecharían nuevamente en un abrazo. Era preciso que los dos viejos luchadores intercambiasen juntos, otra vez, ideas y planes, inmersos en una neblina de tabaco cubano que tantas victorias había engendrado en la América del Sur. (continuará)

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