Cumpli贸 101 y lo celebr贸 con sus amigas de yoga

13 de Abril de 2017, 07:34

No es sencillo alcanzar el siglo, pero aún más difícil es dejarlo atrás. Por eso, ayer por la tarde, el coqueto departamento que Martha Jurgeit habita en la zona de plaza Italia se llenó de alegría y gratitud. La vecina oriunda de Mendoza celebró con familiares y amigos 101 años de una vida inquieta, fecunda e itinerante que el amor ancló hace mucho tiempo en nuestra región.

Entre sándwiches, bocaditos dulces y otras exquisiteces, la jovial abuela -“quisiera ser bisabuela pero todavía no me dieron el gusto”, aclara”- repasó anécdotas y sopló las velitas junto a sus compañeras de yoga, disciplina que practica desde hace 35 años. Lectora de EL DIA desde hace décadas dice que no pierde la esperanza de ganar el Cartonazo.

Hija de Cristina Ayala y Argentino Jurgeit, integrante de una familia alemana que se involucró en la prospección del petróleo en tiempos pioneros, nació en el departamento mendocino de San Martín; para su adolescencia ya había pasado, entre las provincias de Neuquén y Río Negro, por Cutral-Có, Plaza Huincul y General Roca, siempre detrás del “oro negro” que llevó a la consolidación de YPF en épocas de Yrigoyen, Alvear y Mosconi.

Radicada en la capital federal para estudiar y perfeccionarse en corte y confección, labor en la que mostraba virtudes innatas -”es una tejedora extraordinaria”, la elogian los suyos-, concretó sus primeras experiencias laborales. Entonces, en un baile de carnaval, conoció al ensenadense Modesto Beneforti.

“Era un muchacho muy ganador, de muchas novias” recuerda Martha: “siempre andaba con una nueva del brazo; eso no me convenció, y me volví a Río Negro... pero un día vino ‘al pie’; me llamó y me dijo ‘tengo que hablar con vos seriamente; quiero que nos casemos’”.

Se convirtió en la esposa de Modesto, y se instaló en la antigua casona de la avenida Horacio Cestino 379 que tenía al frente el local de la emblemática librería y juguetería Beneforti (desde 2012, esa propiedad es la biblioteca municipal de Ensenada). Allí nació su hija Mónica -hoy contadora-, que le dio dos nietos: Martín y Constanza.

A mediados de los años ’50, la familia vendió el comercio y se mudó a La Plata, frente al Hipódromo, donde Marta vivió durante 48 años. “Al principio mucho el ritmo de La Plata no me gustaba, pero me fui acostumbrando” revela esta fanática de River Plate que sigue por televisión todos los partidos del equipo “millonario”.

A la hora de acompañar las comidas, apela a costumbres signadas por la tierra natal y la genealogía: vino y cerveza, en su justa medida, son infaltables. Y parte de la clave de la longevidad: “comer de todo pero sano, ser solidario y bueno con los demás, mantenerse tranquilo y ocupado; ése es el secreto”.

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