Las dos velocidades del conflicto sindical

22 de Marzo de 2017, 07:10

Aunque este mismo miércoles se verá una marcha importante entre el Congreso y la Plaza de Mayo, donde los gremios docentes dejarán en claro que se oponen a la política educativa del presidente Macri, el conflicto que deja sin clases a millones de alumnos primarios y secundarios en distintos puntos del país –con su foco más dañino en esta Provincia- entrará en un impasse.

De esa manera, se cumplirá una primera etapa del enfrentamiento entre los gremios y la administración de Cambiemos, tanto a nivel nacional como bonaerense, que debería ser tomada como un anticipo de lo que puede venir en otros sectores sindicales. De hecho, la CGT ya se encuentra en plenos preparativos del paro general anunciado finalmente para el 6 de abril.

Los docentes aceleraron a fondo en la primera de cambio, con una seguidilla de huelgas que transformaron la protesta en una medida por tiempo indeterminado y que terminaron desgastando a sus protagonistas

Pero entre el caso puntual de los docentes y el conjunto de los trabajadores sindicalizados se verifica una notoria diferencia de velocidades en la dinámica del conflicto. Los primeros aceleraron a fondo en la primera de cambio, con una seguidilla de huelgas que transformaron la protesta en una medida por tiempo indeterminado y que terminaron desgastando a sus protagonistas.

Por cierto que la dinámica del conflicto se agudizó por la dura postura que adoptó el Gobierno central al rechazar una paritaria nacional, que en la Provincia replicó la gobernadora Vidal con fuertes advertencias contra los sindicalistas. Aunque también debe notarse que entre los gremios docentes se respira un clima político que los lleva naturalmente a las antípodas de Cambiemos.

Al colocar los reflectores sobre la figura de Baradel, los estrategas gubernamentales pusieron en evidencia el costado político del conflicto, que por cierto no alcanza para justificarlo en toda su dimensión.

En el caso de la CGT, esa intencionalidad se hace menos evidente, ya que el triunvirato de conducción resistió todo lo que pudo las presiones para convocar a un paro.

De hecho, no le puso fecha a la huelga en el acto del 7 de marzo y sus principales dirigentes quedaron muy cerca de perder el control de la dinámica sindical, corridos por gremios de base de izquierda y grupos kirchneristas que agitan una agudización del conflicto ya no sólo en clave electoral, sino como una forma de impedir que Cambiemos se estabilice en el ejercicio del poder.

Los triunviros Daer, Schmid y Acuña no se subieron a esa intentona, calificada en las mesas políticas como “El Club del Helicóptero”, en referencia a los que promueven que Macri no pueda concluir su mandato, como sucedió con De la Rúa en 2001. Pero a la vez, tienen la ambición de que los gremios vuelvan a ser la “columna vertebral” del peronismo en su etapa post-kirchnerista.

Por ende, buscan encauzar la protesta social contra la política económica de Cambiemos, a la que paradójicamente emparentan con la que desarrolló Menem –un presidente surgido de las entrañas del PJ- en la década del ´90. En ese contexto, no les sirve la lógica del conflicto descontrolado que agitan los sectores más radicalizados, por necesidades políticas y judiciales.

A este combo ya de por sí complicado se suman las agrupaciones piqueteras, que en los últimos meses recuperaron su espíritu de movilización para presionar por la Ley de Emergencia Social. Por eso el Gobierno nacional y los principales dirigentes de la alianza que lo sustenta se sumergieron en un debate interno sobre la necesidad de frenar los piquetes como único método de protesta.

En el caso de la CGT, esa intencionalidad se hace menos evidente, ya que el triunvirato de conducción resistió todo lo que pudo las presiones para convocar a un paro

Pero esa discusión todavía no está saldada y ya se registraron varias idas y vueltas. El presidente Macri quiere que se haga cargo el alcalde porteño Rodríguez Larreta, pero éste advierte que no se pueden dispersar grandes movilizaciones sino sólo aquellas que no excedan las 50 personas y que, aún así, cortan avenidas como la 9 de Julio. Una postura similar tiene Vidal.

Con su estilo de siempre, la diputada Carrió pidió a su vez que no se repriman los piquetes –algo a lo que es proclive un sector de Cambiemos-, ya que a su criterio hay grupos opositores que “buscan un muerto” para justificar una ofensiva directa contra el Gobierno. La advertencia de “Lilita” funciona también como un argumento oficialista para la inacción sobre los piquetes.

En Cambiemos están convencidos de que la avanzada sindical y piquetera lleva oculta la intención de sembrar incertidumbre también en el plano económico. “Los inversores preguntan por las próximas elecciones y por la paz social”, admitió a EL DIA un importante funcionario del Gobierno bonaerense. Ambos factores, combinados, sólo aportarían tensión a la agenda política de 2017.

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