Bolivia, 10 años después (Primera presentación)

29 de Abril de 2016, 05:55

    Las imágenes de militares pertrechados en los flancos de un grupo de dirigentes bolivianos, aquel 1 de mayo de 2006, cuando Evo Morales mandó a nacionalizar la riqueza hidrocarburífera de su país en manos de multinacionales desde 1993 hasta ese día, presagiaban todo, menos que Bolivia iba a multiplicar por 4 su Producto Interior Bruto (PIB), de 34.000 millones de dólares en 2015 y que millón y medio de sus hijos iban a dejar de ser pobres de solemnidad, de esos que subsisten con menos de un dólar por día.

    En términos de desarrollo, el 1 de mayo de 2006 representará para los bolivianos lo que 1066 para los británicos (la revolución gloriosa), 1776 para los estadounidenses y 1789 para los franceses. En términos de despegue y afianzamiento estatal, 1868 para los japoneses.

    La nacionalización contemporánea de los hidrocarburos de Bolivia, que multiplicó por 90 el patrimonio de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, reducida ese día a una oficina en La Paz e instalaciones en otras partes del país por una valor de 100 millones de dólares y hoy sustento principal del erario público, jalonó, después de mayo de 2006, la de las telecomunicaciones, energía y minería.

    La política estrella de Morales redundó en el pago de bonos vitalicios y temporales a ancianos, mujeres embarazadas, estudiantes de escuelas, con fuerte merma en el índice de deserción escolar en un país en que el primero de básico en el área rural se repetía en promedio 13 veces.

    Se trata de 3,4 millones de beneficiarios en conjunto.

    Ese mismo día en que funcionarios y uniformados colgaban un telar de fondo blanco, de 40 metros de largo, con la  inscripción "Nacionalizado", sobre otra en altibajas que afirmaba: "propiedad de los bolivianos", 7 de cada 10 en Bolivia era pobres y, 3 de aquéllos, indigentes.

    Mundialmente célebre por lucir un jersey rojo, cruzado por bandas de colores blanco y azul, Morales vestía ese día, en el campo gasífero de Carapari, en el sureño departamento de Tarija, en cuyo subsuelo se emplaza la segunda reserva sudamericana del energético, una campera y un casco beige de obrero petrolero.

    La foto que dio la vuelta al mundo muestra, en primer plano,  a un oficial del Ejército, tal vez un subteniente,  en gafas obscuras, traje de fajina, camuflado, casco de guerra, chaleco antibalas, pasos delante de otro, lo más seguro un teniente coronel, con el mismo atuendo de su camarada, con un micrófono de bolillo a la altura de la barbilla, anteojos antimiopía, cara pelada al viento, y a la izquierda de Morales, que luce sus tradicionales pantalones tela jean, zapatos de cuero pintado de negro de punta cuadrada.

    En la foto, que acompañó un tejido de versiones de toda laya sobre lo que entrañaba aquella tercera nacionalización de los hidrocarburos bolivianos, aparece, en el momento del discurso presidencial, el entonces ministro del rubro, el abogado Andrés Soliz Rada, que preconizó la nacionalización del petróleo en 1969, a la sazón en manos de la estadounidense Gulf Oil Company,  y que se ha pasado la vida cantando elegías a quienes en 1937 apuntalaron a los militares del presidente David Toro a echar a la poderosa Standard Oil del país que hasta bien entrado el siglo XXI no había dejado el sótano de la tabla de comparaciones como el más pobre de Sudamérica y el segundo más depauperado de la región detrás de Haití.

    Tristemente célebre por su consabida crónica inestabilidad política y vulnerabilidad social, Bolivia se instaló ese día en el ojo del huracán planetario.

    En tiempos en que el concepto de la inversión privada regía la materia gris de sus autoridades, Bolivia se puso en la línea delgada y frágil de la viabilidad o inviabilidad, recordaría más tarde Morales que salió a contestar por extrapolación a su antecesor Víctor Paz Estenssoro que el 6 de agosto de 1985 le dijo a su pueblo que "Bolivia se nos muere" tras una hiperinflación de 25.000% y 3 años de mandato recortado del izquierdista Hernán Siles Suazo, su ex compañero de trinchera ideológica de juventud.

    Fruto de la nacionalización de los hidrocarburos, Bolivia ha ingresado, por concepto de renta petrolera, 31.000 millones de dólares entre 2006 y 2016, 8 veces más que lo que le redituó la venta de gas a Argentina entre 1971 y 1998.

    Con los billetes del gas y la exportación de minerales, Bolivia ha invertido, en la última década, 4.193 millones de dólares para construir casi 2.000 km de carreteras pavimentadas y elevar a 3.129 el neto de km/carretera en Bolivia, el país menos vertebrado de la región ese 1 de mayo de 2006.

    Como se trataba de 21 de las más poderosas petroleras del globo, en algunos casos multinacionales, además dueñas de la tecnología y los centavos para explorar, explotar y transportar, Morales, que pasó a gobernar un país que producto de su riqueza hidrocarburífera, ingresaba el 18% y menos de la plata que producía la exportación de su gas y petróleo, a Brasil y Argentina, debió tener mucho cuidado para no estatizar el sector, sino, por simple fórmula, invertir la cifra repartidora del billete, 18% para las compañías foráneas y 82% para Bolivia.

    Las petroleras de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Canadá y Brasil, entre otras que por casi 12 años se encargaron de la cadena de producción en Bolivia, pasaron de dueñas a empleadas y ninguna de ellas se fue, sino que se adecuaron al nuevo concepto en medio de una peste de augurios de inviabilidad internacional.

    Con ese ingreso y el proveniente de la nacionalización sucedánea de energía, minería, telecomunicaciones, es decir las empresas estratégicas del Estado, transferidas sin traba entre 1993 y 1997 a privados, Bolivia, que alejó con acciones de política exterior al fantasma de la inseguridad jurídica, dobló su presupuesto anual en salud de 6,5 a 11,5% y creció de 15.719 a 28.112 los ítemes en su sistema de salud pública, que cuenta con  1.788 ambulancias casi 3 veces más que las  558 existentes en 2005 para trasladar a sus enfermos.

   Y, también, potenció  la inversión en educación, de 3.472 millones de bolivianos en 2006,  a 20.709 millones en 2016.

     Los recursos que dejó la nacionalización de los hidrocarburos han permitido trazar, a la administración Morales, una masa de inversión pública que orillará, en 2020, los 50.000 millones de dólares, es decir 5,5 veces más que el PIB de 2005.

    Los bolivianos que vieron salpicar la violencia del segundo gobierno del presidente ultraliberal Gonzalo Sánchez de Lozada, adalid de la privatización de todo lo importante en Bolivia entre 1993 y 1997, han registrado en la última década 8 millones más de teléfonos móviles que los 2 millones existentes el 22 de enero de 2006, cuando Morales asumió el gobierno en La Paz.

    Además, 791.157 líneas fijas de teléfono más que las 635.538 vigentes en 2007, cuando Morales nacionalizó la Empresa Nacional de Telecomunicaciones por una década en manos de consorcios italianos que invirtieron entre 1996 y 2007 poco más de 723 millones de dólares, inferior, empero, a los 1.000 millones d dólares que la compañía estatal, que generó utilidades por  5.238 millones de dólares en el lapso estatal, desembolsó de 2007 a la fecha.

    En un país de 10 millones de habitantes y 106 millones de hectáreas de ubérrimas tierras, el mandatario instrumentó, después de titular, entre desposeídos y productores, entre 60 y 70 millones de hectáreas, la política de generar agua para riego y consumo humano.

    Cuando Morales juró a la Presidencia, sólo 9 millones de hectáreas habían sido legalizadas a la sombra del latifundio.

    El gobierno de Morales dotó de agua potable a la mayor parte de los 339 municipios bolivianos, en base de un inversión de 9.255 millones de bolivianos en la última década, casi el doble  que en el período 1987-2005.

    Esto redundó en una mejora sustantiva de casi 50% en la producción de alimentos ecológicos, en momentos en que se habla, más allá de la fábula, de la soberanía alimentaria.

   Entre 2006 y 2015, su administración instaló 166.837 nuevas conexiones domiciliarias de agua y 8.038 piletas en todo el país.

    Con su programa 'Bolivia cambia, Evo cumple', ejecutó un promedio de 19 proyectos por municipio desde su creación, en 2007, con una inversión de 9.860.millones de bolivianos.

    En el último decenio,  375.000 familias se beneficiaron con el programa de vivienda social, en base de una inversión de 3.930 millones de bolivianos, 7 veces más que 2005 y pretérito.

    En el lapso de mención, 1.850 millones de dólares invirtió Bolivia para industrializar su gas natural.

    Se trata de la construcción de dos plantas separadoras de líquidos, una en Río Grande (Santa Cruz) y otra en Gran Chaco (Tarija).

   Una de fertilizantes, la Planta de Amoniaco y Urea, en Cochabamba y en el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL), en Río Grande, que alentará una nueva era de exportaciones y, lo más, llegar a familias campesinas que aún cocinan con estierco animal a manera de combustible.

   En la década pasada, Bolivia invirtió 687 millones de dólares en la distribución de gas natural por redes, 150 veces más que en los pasados 20 años signados por la gerencia de 21 petroleras multinacionales.

    En términos de comparación, 593.398 puntos de gas domiciliario contra  48.660 instalaciones entre 1994 y 2005.

    Sólo entre 2010 y 2015, Bolivia desembolsó  889 millones de dólares en la producción de energía eléctrica, tanto para la generación como para la transmisión.

    Al potenciar sus herramientas nacionalizadas en 2010, el mercado interno de Bolivia llegó a insumir 1.000 megavatios año y actualmente se negocia el remanente de 400 para exportarlos a Argentina y Perú, adonde, además de Paraguay, se hacen embarques de gas licuado de petróleo por cerca de 50 millones de dólares año.

    Uruguay está en la mira de esta política inédita de exportaciones en un país que hasta 2005 importaba gas licuado, gasolina y diesel.

   En el período 2006-2015 las exportaciones de productos tradicionales y no tradicionales crecieron 7 veces, de 1.161 millones de dólares en 2005 a 8.303 millones de dólares en 2015, en que  se entregaron más de 18.691 millones de bolivianos, casi 8 veces más que antes de 2006, en regalías a  9 gobernaciones, 339 municipios y 13 universidades del país.

    En la última década el poder adquisitivo de los bolivianos creció 79%, en un país cuya población registró, entre 1981 y 2006, una pérdida de 7.914%, con períodos de alta inflación y en que el incremento salarial acumulado llegó a más de 150% desde 2006.

    En un país que ha visto multiplicar en el último decenio por 7 su Reserva Internacional Neta hasta superar la barrera de 15.000 millones de dólares en 2015, los precios han aumentado sólo  64% en los últimos 10 años, nada frente a la tasa de inflación acumulada de 8.394% entre 1979 y 2005.

    En el lapso motorizado por la nacionalización de los hidrocarburos, la inversión pública, motor del crecimiento sostenido del PIB, insumió 30.549 millones de dólares, casi 3 veces más de lo registrado en 20 años de gobiernos anteriores.

    "Hace poco más de 10 años era de locos imaginar hablar del mundo desde Bolivia; Bolivia ni siquiera se miraba a sí misma, el mundo no miraba a Bolivia, Bolivia no miraba al mundo. Las transformaciones de estos 10 años fueron extraordinarias, fueron lo más importante que ha ocurrido en América Latina en este siglo", según el politólogo brasileño, Emir Sader.
Cc/             ABI

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