Día del periodista: La pasión por escribir

10 de Mayo de 2013, 08:05

Amar la profesión que hemos elegido, nos priva de muchas exquisiteces en la vida, pero nos brinda unas satisfacciones íntimas inenarrables, impagables, inconmensurables. Sólo así se puede entender por qué el médico deja una fiesta para atender al paciente, por qué el artesano no está nunca satisfecho con su obra y le da un toque más a su tarea, o el artista se entrega plenamente a su obra.


Muchas jornadas las pasé frente a la máquina de escribir y ahora frente a la computadora, como diría el Quijote “las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”; esa es la vida del periodista. Tal vez por ello ninguno de mis tres hijos quiso elegir esta profesión; hoy les doy plenamente la razón.
El Día del periodista se celebra el 10 de mayo desde 1938 por decreto del entonces presidente Germán Busch, quien recordaba que un 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandó a ejecutar al periodista Cirilo Barragán por un artículo que le molestó profundamente.


En esta profesión pasé por todos los peldaños que me colocó la vida, desde el reportero raso hasta la dirección de un periódico; escribí notas pobres, crónicas aceptables, posiblemente muchas mentiras, sin quererlo, pero intentando encontrar siempre la verdad, convirtiéndome en un escéptico por naturaleza, porque me parece que el hombre de hoy ha perdido el miedo a Dios, perdió el sentido de culpa y le da lo mismo decir la verdad que la mentira.


Recuerdo una pequeña historia que siempre me ha acompañado en esta profesión y que se las relató ahora: Janet Cooke, una periodista del Washington Post se guardó su lugar en la posteridad con apenas 26 años. En 1980 recibió el premio Pulitzer por su artículo “El mundo de Jimmy”, en el que daba cuenta de un menor que se inyectaba heroína con la complacencia de su madre, también adicta. Meses después, luego de que nadie pudiera dar con el supuesto “Jimmy”, Cooke debió confesar que la historia había sido puro invento, por lo que no sólo perdió el Pulitzer, sino también su trabajo. Sin embargo, ocurrió algo inesperado: en las semanas tensas que separaron la publicación del reportaje del descubrimiento de la mentira, algunos lectores se comunicaron con el periódico para decir que conocían casos similares al de “Jimmy”.


Se pueden escribir muchas cosas bellas, pero no siempre la verdad y, ese caso, como muchos otros, se han convertido en el eje de mi profesión.


Aparte de la falta de apego a la verdad por la deficiente  y maliciosa información, por la falta de investigación y por el vertiginoso acontecimiento de las noticias, en este mundo global, siento que se está perdiendo el apego a escribir bien, se hablan barbaridades frente al micrófono y los periodistas se apegan a las cosas “ruidosas”, por eso tiene éxito un tal Tinelli, para citar un solo ejemplo.


Es bello escribir, es precioso transmitir vivencias a través de las letras, pero debería ser más bello el apego a la verdad, que es en última instancia el “telos” del comunicador, el fin del que quiere transmitir algo, el objetivo del hombre íntegro.
Ernesto Murillo Estrada

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